LOS RÍOS DEL CARMEN
Flor del Carmelo/ Viña florida/ Estrella del mar.
El Río Guadaíra y los arroyos Alameda y del Salado bañan el término municipal de Arahal. Al pasar, saludan con gracia a todas nuestras tierras pardas, rojas y amarillas. Éstas últimas, al más puro cromatismo maestrante.
En el mes de julio, pasado el ecuador del año, es la época de la crecida de dos ríos teologales a los que todo el año no le faltan caudal, éstos son los llamados: “Ríos del Carmen”.
Y ¿qué es eso?, pues es muy sencillo. Son los dos arroyos que existen en nuestro pueblo por donde discurre toda la devoción hacia la advocación mayor de todos los hombres y mujeres de la mar. Agua y devoción carmelita siempre estarán unidas en perfecta conjunción.
Muchos forasteros les cuesta creer cómo en un lugar tan alejado de la costa tienen desde hace décadas ese arraigo tan fuerte por la patrona de los marineros.
El primero de ellos es el que emana de la Iglesia del Sto. Cristo. Es un río joven aunque presenta un gran calado gracias a los esfuerzos de devotos, hermanos de la Hermandad del Señor y por supuesto, la de sus antiguos vecinos de la Calle Madre de Dios -calle denominada en honor de su antigua advocación-.
Por otro lado, se encuentra el de mayor caudal debido a su antigüedad. Es el que desde hace años nace y se desliza por todo Arahal desde la Parroquia de la Victoria.
Recuerdan mis mayores aquellas novenas de calor insoportable -igualito que este año- donde todos los vecinos debían acudir temprano para así, no tener que traer desde casa la silla de enea. También yo recuerdo esas misas de mi infancia a las que acudía a ellas junto a mi tía. En esas misas, mi mayor afán era descifrar la mirada enigmática de la Virgen de la iglesia del barrio -mi barrio-.
Mientras intentaba darle respuesta a mis cavilaciones, me la imaginaba en su paso por las calles a lo que en voz baja le preguntaba a mi tía en medio del Oficio: “Tita, ¿y si sacasen a la Virgen en un paso?”.
Acabada la misa, sonaba por la megafonía la Salve. La letra de ésta jamás supe comprenderla de pequeño.
Son dos ríos, como he comentado aunque da la sensación de que están muy separados entre ellos. Ojalá que muy pronto se tiendan puentes para engrandecer aún más el fin que ambos tienen ya que sendos van a desembocar a los mares, aquellos “mares iris de eterna ventura”.
Felicidades, Carmelo y Carmen, qué nombre más bonito tenéis.
El mismo nombre que el de los ríos de la Fe de Arahal.

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