QUIJOTES DEL SIGLO XXI

Un día te levantas cansado, sumergido en la más pura rutina del estudiante, del trabajador, de lo que sea. Miras el reloj, el tiempo es el mismo que el de ayer: tienes que hacer lo mismo, de pronto te acuerdas de tu sueño, tu meta, tu giro copernicano en la vida y haces lo mismo que Alonso Quijano: intentar convertir la realidad en algo más especial y por ello, te preparas para ir a por ella. Mientras Quijote preparaba sus armaduras, yelmo, ponía nombre a sus espadas y caballo (al igual que el Cid) nosotros hacemos lo propio: entregar trabajos, proyectos y siempre en la mente esa cima a la que alcanzar. Ve a por ella, no lo dudes, te tomarán quizás por loco pero a lo mejor es que eres un poco Quijote. Todo emprendedor tiene su punto de locura y éso, deberíamos tenerlo todos.

No hay tanta diferencia entre la Edad de Oro y los tiempos actuales en cuanto a ilusión se refiere, Quijote lee, investiga, se sumerge en su pasión; al igual que podemos hacer nosotros en nuestro día a día, claro que, como en toda trama tendremos problemas. En nuestro camino se interpondrán muchos molinos queriéndote derrotar: el molino de "estás loco", "eso no tiene salida", "yo que tú no lo hacía" y sobre todo los peores de todos: el molino de "la Crisis", el de la "beca no concedida", por nombrar algunos. Molinos iguales a los que se encontró Alonso en su viaje.

Caeremos, pero levántate, haz lo mismo que hizo aquel hombre que vivía en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.

Dicen que la juventud hemos perdido la ilusión, algo de razón no falta. ¿Qué ilusión se va a tener gracias a la situación del país? Pero aún así seguimos, nos reafirmamos y somos capaces de lo que sea y si el molino es muy grande, cogeremos otro camino, quizá ése te lleve a Manchester, Berlín u otro lugar en el que puedas llegar a tu Dulcinea -tu meta-. Mientras, irán desapareciendo esos malos molinos de por aquí para que finalmente, por muchos caminos que cojamos, volveremos a nuestra tierra con más o menos logros conseguidos pero por lo menos felices de haberlo intentado.

Que nunca se nos apague la ilusión y luchemos por nuestra particular joven del Toboso y por supuesto disfrutemos del camino en busca de ella porque como dijo Walt Whitman:

"No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas"

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