HAS LLEGADO


Como si de una voluta del pasado se tratase, regresas en un bucle interminable.
Has llegado, cuándo más te anhelábamos. Pocas cosas traías cuando apareciste: un tarro de azahar, otro del mejor de los inciensos, un costal, unas zapatillas y una túnica antigua.
¿Para qué una túnica antigua, descolorida y hecha jirones? Dijiste que era para que no olvidásemos el peso de la devoción tras tantos siglos por nuestras calles.
Has llegado y todo parece haber cambiado: lo saben los costaleros que cada vez está más cerca su momento (bendito momento) de ser los pies de la Fe; lo sabe esa madre que con preocupación y alegría sabe que su hijo, el más pequeño, tocará por primera vez en la banda de sus sueños; esa abuela que espera con ansia la llegada de sus nietos “pa hacerle el pespunte”; y ese niño soñador que entre ensayos, vídeos, boletines y fotos -recuerdos del ayer- sueña con la semana en la que nada más comprarse su agenda para las tareas escolares señaló esos días y le parecen inalcanzables.
Esa remembranza a las marchas que tanto pensaste en ellas, se harán más fuertes cuando un ligero céfiro te traiga acordes del mismo Cielo.

Tu pulsación a ritmo de tambor destemplado, sereno y solemne en la noche del Viernes Santo por Calle Sevilla, pasará al más sonoro y rotundo redoble de una tarde del Jueves Santo en el porche. No estás enfermo, son los acordes del corazón, de la Música, de la Vida.
Esos días tan grandes para nosotros, los anteceden como si de un rosario de Avemarías se tratase, de muchas jornadas de espera, nerviosismo, recogimiento y oración. Son también días de reflexión y de cumplir sueños. Hoy he besado tus plantas, Señor.
Conocedoras de esto son las iglesias de nuestro pueblo, cobijo de las más honrosas herencias de padres a hijos, la Fe.
Creíamos que venía corta de equipaje, pero no era así, traía lo justo y necesario para volver a hacernos soñar. Y de ese sueño despertaremos, cuando una oscura golondrina con sus alas en nuestro balcón jugando llame a nuestra ventana, porque para cuando miremos a través de ella, veremos un nazareno de túnica blanca inmaculada -como las nubes en una tarde tranquila- corriendo al encuentro del Señor.
Su primera estación de penitencia ha empezado -como la de tantos otros cada año-. Mi Semana Santa ha comenzado. Gracias por haber llegado.

Comentarios

Entradas populares